Antonio El Pipa, alegría flamenca sobre el
escenario
Pasión y Ley, recital,
el espectáculo que ofreció el bailaor jerezano, sin trampa ni cartón
Repetía actuación Antonio El Pipa en el Teatro Moderno y
como la primera vez, el público salió satisfecho de lo visto y oído. No
fue un espectáculo deslumbrante, pero sí fue una actuación sincera,
donde dio todo lo que lleva dentro, igual que su cuadro flamenco, que le
acompañó de forma sobria, sin aspavientos, pero con efectividad.
Me lo perdí hace unos años cuando vino a Chiclana por vez primera y lo
sentí mucho, pero esta vez me he sacado la espinita. Antonio El
Pipa, jerezano, del barrio de Santiago, donde han nacido los más
grandes artistas del flamenco de esa ciudad y de esta tierra, demostró
por qué ha ganado tantos premios y por qué ha sido tan solicitado por
nombres míticos del flamenco y del cante como Cristina Hoyos y
Lola Flores entre otros para formar parte de sus compañías.
El
Pipa no engaña en el escenario, desde que aparece se da uno cuenta
de que va a ofrecerte lo mejor de sí mismo, haciendo fácil lo que es tan
difícil y transmitiéndote unas buenísimas sensaciones. Antonio, al
contrario que su tocayo Canales hace unos años, estuvo casi toda
la noche sobre las tablas, sin perder en ningún momento la sonrisa,
diciéndole al público que se estaba divirtiendo y esa diversión se la
envió a éste a través de sus bailes y taconeos. El repertorio fue amplio
y variado, comenzando con un martinete y continuando con una seguirilla,
cantiñas, tangos, un adagio-soleá por bulerías, soleá y bulerías para
finalizar.
EL PIPA Y LA DEL PIPA
Hace tres
años vino acompañado de su madre, María, y su tía Juana la del
Pipa. En esta ocasión su progenitora no acudió al evento,
pero su tía volvió a encandilar al público con su arte, bailando y
cantando, con esa voz aguardentosa que te daba pellizcos cada vez que
cantaba. El micrófono inalámbrico le falló desde el principio y fue el
propio bailaor el que se lo quitó con rabia contenida, cantando a
pelo a partir de ese momento, demostrando que su garganta sigue
teniendo una fuerza increíble, llegando a todos los rincones del teatro.
Fue lo mejor de la noche, juntos los dos, con esa complicidad de tantos
años viéndose y oyéndose.
El
Pipa tiene una forma muy femenina de bailar, influenciado por su
madre y por su tía, con las que mamó el flamenco desde pequeñito. Él se
siente orgulloso de ello y demuestra que las manos son muy importantes
en su baile y es, quizás, lo que más cala en el público. Transmitió
alegría en todo momento, su espectáculo gustó y las bailaoras, tocaores,
y cantaor estuvieron a gran altura, dando homogeneidad a la obra. PACO LÓPEZ |