Puente Chico


 

 

Agresión a un aficionado chiclanero

Los graves incidentes del último partido de la liguilla de ascenso a Tercera División pudieron traernos de nuevo la tragedia a Chiclana

Ascenso manchado de incompetencia y de sangre

La falta de efectivos policiales y de previsión ocasionaron un serio altercado que pudo costarle la vida a un aficionado chiclanero

   El último partido de la liguilla de ascenso a Tercera División nos dejó un poso más que agridulce a los que por devoción y/o obligación solemos ser testigos-fijos o discontinuos-del deporte de nuestra ciudad, en general, y de las evoluciones del Chiclana C.F. en particular.

   Un ascenso no es cosa baladí. Es motivo de alegría no solo para los que gustan del deporte (aunque sea sólo de este denominado balompié), sino para toda una ciudad que volverá a ver paseado su nombre por una división y unos de campos de juego algo más cercanos a su categoría por población, economía, turismo y afición -siempre he dicho a los que me querían escuchar que el sitio natural de este equipo debería ser la Segunda B. Vaya por delante mi felicitación a los Flores, Raúl Procopio, Javi Germán, Palacios y compañía, extensiva a toda la entidad chiclanera con José Alba, Pepe Mejías y Antonio Chaves (al presi le vi pasar el peor mal rato de su vida en el descuento del partido) a la cabeza. Por supuesto, a mi amigo Salvador Sanmartín. Los minutos de celebración sobre el césped tras el partido deben compensar de largo todo el esfuerzo y trabajo de tantos y tantos meses.

AGRESIÓN BRUTAL

    Pero dicho esto-lo dulce del evento-no podemos obviar uno de los peores momentos vividos en el Municipal de Chiclana que yo recuerdo en, al menos, los últimos años. Los incidentes registrados al inicio del partido entre ambas aficiones se saldaron con la agresión brutal al seguidor local Ángel Tocino. Sus consecuencias, siendo ya gravísimas (le quedará un largo tiempo de recuperación por delante), son cortas al lado de lo que podía haber sido. El ATS del Chiclana, Manolo Fernández, me comentaba en el intermedio del Chiclana-Nueva Sevilla que si no le llega a aplicar el tubo respirador, a estas horas estaríamos hablando de una muerte y de un punto negro sobre nuestra localidad en el ignominioso mapa de las tragedias futbolísticas de nuestra España.

La afición celebrando el ascenso a Tercera del Chiclana C.F.

ERRADICAR A ESTAS ALIMAÑAS

    Nadie más que el (o los, si son varios) descerebrado hijo de puta que hizo tal animalada es el responsable mayor de la fechoría. Me da igual si es de Castilleja de la Cuesta, de Sevilla, de Cádiz o-si lo fuera, que no es el caso-de la propia Chiclana. Cuando hay que erradicar estas alimañas del fútbol, no tenemos que mirar su carnet de identidad. Fui testigo de las numerosas llamadas de padres, madres, hermanos, hermanas, novios, novias y demás parentela en los siguientes minutos al hecho a medida que las noticias que la radio local (Antonio Verdugo y su equipo) difundía iban corriendo de boca en boca: "Que sí, mamá, que estamos bien. No te preocupes, ahora busco a mi hermano y a su novia para que te llamen y te quedes tranquila", oí de voz de un chaval que intentaba inyectar valeriana en vena a su angustiada progenitora a través del teléfono.

RESPONSABLES

    Pero si ése o esos cafres son los responsables mayores, no son los únicos. Porque a mí que no me vengan con monsergas: ni día final de Feria, ni leches. Allí la Fuerza Pública que había al principio del partido  podían tener-por su escaso número-una efectividad ante tan graves hechos similar a la proverbial eficacia de un híbrido entre Mortadelo y Filemón, de un lado, y el botones Sacarino, del otro. Todos sabíamos que habían llegado varios autobuses con ultras del equipo rival; que habían estado previamente en La Barrosa, de playa y de bebida, y que alguno ya había pisado la Feria y catado el rebujito. Todos vimos el absoluto estado de intoxicación etílica (vamos, completamente mamaos de alcohol) con el que llegaron más de media docena de ellos.

    Todos nosotros..., hasta las autoridades competentes que no fueron capaces de pedir refuerzos (salieran de las dotaciones de la Feria, del Cuartel o de Conil, me da igual) con los que afrontar preventivamente el asunto. No hay nada más disuasorio que lo que se hizo cuando ya el daño estaba, lamentablemente, hecho: traerse las cuatro rancheras de Guardia Civil y Policía Local al estadio, y colocar un cordón policial en la grada separando a unos y otros.

EL ALCALDE DEBERÍA AUTOCESARSE

    Por eso, yo entiendo que los responsables de esa falta de previsión son también (parcialmente y en minoría absoluta) culpables de lo que ahora padece Ángel Tocino; de la zozobra vivida por tantas madres-y padres-oyentes  de la mejor radio municipal de nuestra localidad, y de que Chiclana hay aparecido en los medios en igual medida por el ascenso de su equipo como por incidentes graves de orden público, que pudieron terminar en muerte de un conciudadano (al que ni conozco, por si alguien piensa que puedo escribir esto llevado por un sentimiento de amistad o por cuestión personal).

    Y sí, los responsables tienen nombres: responsables máximos del destacamento de Guardia Civil y Policía Local y concejal de Seguridad, principalmente. El que orgánicamente tiene que tomar las determinaciones de ceses que correspondan-o autocesarse si actuara con justicia-es aquél que llegó en el minuto 20 de partido en coche de caballos desde la vecina Feria. El mismo que no sintió bochorno cuando el speaker del estadio solicitaba por la megafonía a cuatro metros suyos, en los últimos cinco minutos del encuentro, que "la Policía Local actuara para que el árbitro no suspendiera el partido". Él no agredió a Ángel Tocino, pero no hizo todo lo que estuvo a su alcance para intentar evitar que su agresor estuviera en disposición de hacerlo. Su nombre es Manuel Jiménez Barrios, alcalde desde la víspera del partido por cuatro nuevos  años (¿o menos?) de Chiclana de la Frontera.

FERNANDO PEREA-Periodista 


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