José María Marín, un hombre con constancia

Tiene síndrome de Down, pero practica karate, sabe bailar sevillanas, pintar, hace teatro y la constancia y la disciplina son su bandera

José María Marín: “Mi ilusión era tener algún día el cinturón negro de karate y ahora quiero enseñárselo al alcalde” 

   Acaba de cumplir veintidós años, se dedica al karate desde muy joven, ha recibido un homenaje en el programa de Canal Sur, Senderos de gloria, y, lo más importante, le acaban de entregar el cinturón negro, primer dan. Se llama José María Marín Aragón y tiene síndrome de Down, pero ello no le ha impedido comportarse como un muchacho cualquiera y hacer aquello que el gusta.
 

   La entrevista la hacemos en el gimnasio de Juan Carmona. A José María Marín le acompañan sus padres y su cuñado. Contaba nueve años cuando empezó a practicar karate. “Tenía muy poca flexibilidad en las piernas-comenta Carlos Marín, su cuñado-con mucha torpeza en psicomotricidad. Como conocía a Juan se lo planteé y me dijo que se lo llevara”. Desde los primeros días vieron que daba resultado y cada vez iba mejorando y gustándole más, hasta los doce años que lleva practicando este modalidad de las artes marciales. Tiene una minusvalía del 65%, aunque no le impide ir de campamento y practicar senderismo y otras especialidades como el resto de chavales.

   José María es feliz en el gimnasio y eso se le nota cada vez que Carmona le dice que haga una postura determinada. Lo que más le gusta es la kata y lo que más le molesta es la indisciplina de sus compañeros: “No le gusta que los demás se rían en el tatami, que pierdan el tiempo, porque aquí se viene a entrenar y quiere que hagan lo mismo que él”, manifiesta el director del gimnasio. “A veces me enfado-continúa diciendo Carmona-y a él no le gusta verme así, se pone triste, se enfada con sus compañeros y les dice que se pongan serios porque el maestro se enfada. No le gusta que la gente venga a echar el rato”.

CONSTANCIA

   Lo que más destaca de José María su profesor es la constancia: “Es una persona muy disciplinada, con mucha constancia, que acude siempre a los entrenamientos, y cuando no puede por causa mayor, se enfada. Lo que más le ha costado aprender es la orientación espacial, porque las katas, al ser de ataque y defensa en todas las direcciones, la lateralidad hacia ambos lados es lo que más se le resistió por razones obvias”. Tuvieron que hacer un entrenamiento mucho más intensivo y poco a poco fue desarrollando esa orientación que necesitaba. Se lleva muy bien con todos los que están con él en el gimnasio: “Es muy participativo y voluntarioso, y muy amigo de todos ellos”. Es un chico muy responsable en todos los sentidos.

José María con sus padres, cuñado y Juan Carmona

SU ILUSIÓN, SER CINTURÓN NEGRO

   Desde que empezó a practicar karate, José María tenía una gran ilusión: ser cinturón negro. Después de doce años trabajando duro, sin desmayo, hace un par de meses lo consiguió. Ahora “quiero echar para adelante, hacer katas más difíciles, más duras”. También suele salir en defensa de compañeros que son avasallados por otros o recriminándoles algo: “Les dice que le hagan eso a él, saliendo en defensa del más débil”, afirma el maestro.

   Ahora que ha logrado el cinturón negro, tiene otra ilusión: enseñárselo al alcalde. En la última Gala Municipal del Deporte, en el Teatro Moderno, Manuel Jiménez le entregó una placa y él se sintió muy a gusto al lado del regidor, por lo que desde que ganó el citado cinturón ha querido presentárselo a nuestro mandatario político. Suponemos que cuando éste se entere de los deseos de José María, encontrará un hueco en su apretadísima agenda para recibirlo en su despacho y agasajarlo como se merece.

BUEN PINTOR

   Cada mañana acude al centro que Asodown tiene en El Campito. Begoña le enseña los entresijos de la pintura, a la que le dedica tiempo y esfuerzo: “Me gusta pintar paisajes y me he llevado algunos premios”. También hace teatro. Su constancia y disciplina han sido determinantes para poder desarrollar este arte, cualidades que ha adquirido con el karate, el único deporte que le gusta practicar aunque tiempo atrás quiso aprender a bailar sevillanas. Cuando lo logró “se dedicó de lleno a este arte marcial, que es su vida”, asegura Carlos, su cuñado.

COMO UN NIÑO CUALQUIERA

   A los cuatro días de nacer José María, sus padres se dieron cuenta de que tenía el síndrome de Down: “Vimos las cosas muy negras porque entonces no sabíamos tanto de esto como ahora-manifiesta Cristobalina, su madre-pero le dimos el mismo trato que a los demás. Cuando llegó la época del colegio lo llevábamos tres días a la semana al Hospital Mora de Cádiz, a estimulación precoz. Así estuvo siete años”.

    También visitaba a un logopeda. Después estuvo en la guardería de Los colorines y posteriormente en el colegio Carmen Sedofeito hasta los dieciocho años. En todos estos centros se integró perfectamente con el resto de alumnos. Están muy contentos con el trato que le han dado a su hijo tanto profesores como los niños con los que ha estado.

HINCHA DEL BARSA

   Aunque no puede jugar al fútbol, le gusta mucho y siempre que puede va a ver al Chiclana. Disfrutó con el ascenso del equipo a Tercera y nos contó todo lo que pasó después, el brindis con champán (cava), el baño en la fuente de los aficionados, etc. Pero su equipo preferido es el Barcelona, por el que bebe los vientos. Tiene una foto del club, que le mandaron hace algún tiempo. Los sábados va a la plaza con Carlos y la pone de vuelta y media discutiendo con aficionados del Madrid sobre si éste es mejor o peor que el Barcelona.

HOMENAJE

   Citábamos antes el homenaje que le dieron en Canal Sur: “Juan me llevó engañado, porque me dijo que iba a hacer una kata con los otros compañeros. Después de la kata hice un kumite (ataque) con Víctor, cortándonos la presentadora y dándome la sorpresa”. La cara de felicidad por este reconocimiento bien valió éste. Por cierto, que al maestro Carmona también le dieron otra sorpresa, ya que fue homenajeado por el trabajo que lleva desarrollando en Chiclana desde hace muchos años, siendo el principal referente del karate a nivel local, aunque algunos traten de hacerle la vida imposible.

   Cuando comenzó a practicar karate su mayor ilusión era llevarse medallas, algo que con el paso del tiempo y una buena educación deportiva ha ido quedando al lado: “Hablando con él-comenta Carmona-le fui diciendo que no siempre era posible lograr medallas o premios y que era mucho más importante que la gente viera lo bien que trabajaba y cómo hacía las katas. Cuando gana alguna medalla da una vuelta al pabellón como si fuera el campeón del mundo, el hombre más feliz de la Tierra. En una exhibición en la que participó en Cádiz, en el campeonato del mundo del 99, tras hacer el ejercicio favorito, que presentó para cinturón negro, le entregaron una medalla, siendo aplaudido durante varios minutos por cerca de dos mil personas, muchas de ellas llorando emocionadas. Cuando la cogió, empezó a correr por el pabellón como un poseso”.

PACO LÓPEZ

 

   

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