El grupo de Nino Galissa gustó mucho al público

La sexta edición del festival de música étnica Sin fronteras, éxito artístico y de público

Los grupos participantes demostraron mucha calidad, dejando un buen sabor de boca

El mercado medieval, los talleres impartidos y las actividades paralelas animaron la muestra de este año

  

   Cuando hace seis años comenzó a celebrarse el festival internacional de música étnica Sin fronteras, de forma modesta, nadie podía suponer que algunos años después tendría el nivel musical que ha tenido en esta edición. No es perfecto, hay cuestiones que deben mejorarse, pero el resultado es satisfactorio.

   Esto de la música étnica parece que se va imponiendo en los gustos de la gente, poco a poco, pero cada día son más las personas que acuden a este tipo de eventos. Lo que siempre conocimos como folk o música folclórica, ha cambiado el nombre, pero no su esencia. Ver encima de un escenario a músicos africanos, con sus indumentarias coloristas y sus instrumentos, algunos de ellos muy raros, con sonidos nunca escuchados hasta ahora, impacta en el público. Sus danzas y melodías envuelven a todos. La noche también ayuda.

   Nino Galissa, de Guinea Bissau, reflejó lo dicho anteriormente. Logró la complicidad del público desde el primer acorde. Su actuación fue de lo mejor de esta edición. Tampoco desagradaron los búlgaros de la Oskestra Roma. Su música, parecida a la que oíamos antaño en los bailes de los pueblos, de bodas o fiestas patronales, mantuvo en un movimiento constante los pies de los numerosos espectadores que asistieron al concierto. Antes de ellos hubo un espectáculo tan sorprendente como divertido, el de Javi Javichi, circo o magia, o ambas cosas. Los mayores aplausos fueron para él, y merecidos.

Niñas con instrumentos hechos con material reciclado

MÚSICA RECICLADA

   Lo más llamativo de este año ha sido la actuación del grupo brasileño Moleque da Rua. La particularidad es que todos los instrumentos que utilizan están sacados de basuras urbanas. Se fundó hace veintiún años, por un trabajador social de una favela de Sao Paulo, que decidió crear una escola de samba y al no tener recursos para adquirir los instrumentos de percusión, decidieron hacerlos ellos con los restos encontrados en la calle de la citada favela. Hicieron marimbas gigantes con tuberías de plástico, xilófonos con latas de aceite afinadas y maderas viejas, bombos con bidones, etc. Los ensayos los hicieron en la calle.

   El nombre que le pusieron al grupo fue Moleque da Rua, que significa niño de la calle. Ver a estos muchachos tocando estos instrumentos causó un gran impacto en Brasil y a partir de ahí empezaron sus éxitos. Fueron teloneros de gente tan importante como Gilberto Gil o Caetano Veloso. El director de cine, Marco Ferrari, hizo un documental, Herodes, en el que cuenta la vida de estos jóvenes y denuncia la pasividad de las autoridades ante esta pobreza y su mísera vida. Este documental les abrió el camino a nivel internacional. Desde entonces han visitado Europa cada año.

BUEN COLOFÓN

   Tener a este grupo en Chiclana fue todo un lujo, y eso hay que agradecérselo, principalmente, a quien ha organizado el festival: Andrea Morpurgo. Su dedicación y apasionamiento en el festival de música étnica contagió a la delegación de Cultura, y ésta le ha apoyado desde el primer momento. En Chiclana, Moleque da Rua, triunfaron también. Como así mismo lo hizo Meera, que aunque sola por no poder actuar su compañero Ravid, ganadores del segundo certamen de maquetas, ofreció un concierto intimista.

TALLERES

   Hubo también talleres para todos, aunque los más jóvenes fueron los que más disfrutaron de ellos. Hubo de circo y música, en las calles del centro, cuentacuentos y hasta una guardería en el colegio Las Albinas, para que los hijos estuviesen entretenidos mientras su padres oían a los grupos, paseaban por el mercado medieval o se dejaban los cuartos en los bares del recinto, lo más negativo del festival, por sus elevados precios. De la guardería se encargó el grupo chiclanero Teatrín, que enseñaron a los pequeños a hacer instrumentos musicales con material reciclado.

   Buena la idea de ofrecer un vaso por un euro y al devolverlo recibir el dinero aportado. Con esta medida se evitaron muchas basuras por el suelo. Esta idea ya se lleva varios años poniendo en práctica en el festival de Alcalá la Real (Jaén), Etnosur. Para el año próximo hay que buscar un refugio para los tenderetes de ropa y abalorios y para el mercado, porque el calor que pasaron este año obligó a clausurar el festival un día antes. Esta fusión de culturas y ritmos deben continuar llenando nuestras vidas, aunque con algunas mejoras. También hay que llevar más gente a ver y oír las músicas de otros lares. Felicitar de nuevo a Andrea y a la delegación de Cultura por apoyar este tipo de iniciativas.

PACO LÓPEZ

 

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