Puente de Rialto

Será español el cuarto puente sobre el Canal Grande de Venecia

El Puente de Calatrava, una joya modernista para una ciudad milenaria

El arquitecto valenciano lo ha diseñado en vidrio, acero y piedra de Istria, de casi cien metros de largo, iluminado por transparentes focos fluorescentes

   De nuevo publicamos un artículo del poeta y escritor veneciano Federico Fontanella, que en esta ocasión nos habla del cuarto puente que cruzará el Canal Grande de Venecia, y que ha sido diseñado por el arquitecto valenciano Santiago de Calatrava. Fontanella nos da su opinión al respecto y nos introduce en la historia de los otros tres puentes que llevan de un lado a otro de la ciudad a los millones de personas que recorren sus calles cada año.

   La ciudad de Venecia, totalmente inmersa en el ambiente lagunar, está atravesada, como todos saben, por muchísimos canales, alrededor de ciento ochenta para ser exactos (sin contar el número de aquellos que han sido sepultados a lo largo de los siglos, sobre todo durante el Ochocientos), de entre los cuales, unos son anchos y otros estrechos, algunos cortos y otros más largos, pero en definitiva son todos muy diferentes entre sí.

    Ellos dividen y recortan la ciudad en numerosos islotes (alrededor de ciento veinte), unidos entre sí por más de cuatrocientos veinte puentes, lo suficientemente altos como para permitir el paso de las góndolas y otras pequeñas embarcaciones. Entre estos canales, el más largo y majestuoso, el de mayor encanto y el más rico en memorias históricas, además de por los imponentes palacios que asoman en sus orillas, es, sin la menor duda, el Canal Grande, denominado por el famoso escritor Pietro l’Aretino como el patriarca de todos los ríos.

PUENTE DE RIALTO

    Este canal de alrededor de cuatro kilómetros de largo, con un ancho mínimo de treinta metros hasta sus setenta de máximo, y profundo no más de cinco metros (llamado también Canalazzo, por el mimo de los venecianos en usar términos peyorativos como una muestra de cariño), sinuoso como una larga ese, divide en dos grandes partes la ciudad y constituye una especie de espina dorsal. Dicho Canal Grande nace, más o menos, a la altura de Piazzale Roma (el actual punto de acceso a la ciudad para quien llegue en coche desde tierra firme), pasa por delante de la estación ferroviaria, sigue luego hacia Rialto, continúa superando la Academia de Arte, y concluye su recorrido triunfal justo delante del así llamado Molo, o sea ante el Palacio de los Duxs y la basílica de San Marco.

    Allí donde acaba el Canal Grande, empieza la Dársena de San Marco, que es el anfiteatro acuático sobre el cual, la parte más bella y más gloriosa de la ciudad, se asienta y se refleja. Hasta la caída de la República Serenísima (1797), y tras algún otro decenio posterior, el único puente que cruzaba el Canal Grande, era el famoso Puente de Rialto. Inicialmente fue construido de madera, y sólo en la segunda mitad del 1500 se pensó seriamente en sustituirlo por otro puente de piedra. Fueron consultados grandes  arquitectos, como Palladio, Michelangelo o Sansovino entre otros. Pero el concurso del proyecto lo ganó un arquitecto mucho más modesto, es decir Antonio Da Ponte, discípulo de Palladio, y la imponente construcción quedaría inaugurada en 1591.

Puente de la Academia

PUENTE DE LA ACADEMIA

    En tiempos de la dominación austriaca, en 1584, y según el proyecto de Alfredo Neville, se construiría un segundo puente sobre el Canal Grande, esta vez de hierro: el Ponte dell’Accademia, ya casi al final del Canalazzo, para enlazar el barrio de San Marco con el de Dorsoduro. Dicho puente se reconstruyó totalmente de madera en 1934, sobre un proyecto del ingeniero Eugenio Miozzi, pero tanto en su primera versión como en la segunda, no nos presenta grandes valores artísticos.

Puente de los Descalzos

PUENTE DE LOS DESCALZOS

    El tercer puente sobre el Canal Grande, denominado Ferrovia o de Los Descalzos (porque se encuentra justo delante de dicha iglesia, que a su vez queda contigua a la estación ferroviaria), erguido en hierro en 1858, y siempre por los austriacos, fue sustituido en 1934 por un bonito puente esbelto, elegante y de piedra de Istria; puente también realizado esta vez por Eugenio Miozzi, a quien se deben todavía varias y valiosas obras arquitectónicas en Venecia, entre las que se halla el puente automovilístico translagunar, hoy llamado Ponte della Libertà.

   Lleguemos por fin a nuestros días. Parecía que los tres puentes sobre el Canalazzo, existentes hasta hoy, fueran suficientes y estuvieran bien desahogados. Pero algunos años atrás, la Junta Municipal veneciana pensó en mandar construir otro, que hubiera sido el cuarto. Y quiso que fuese colocado justo al inicio del mismo canal, de manera que uniera directamente la Plaza de Roma con la Estación Ferroviaria. Naturalmente, esta decisión suscitó polémicas sin fin porque a muchas personas les parecía innecesario, dado que los transportes acuáticos entre estos dos puntos, aunque de primera importancia, son rápidos y frecuentes, y porque, además, el recorrido entre un lugar y otro es de poquísimos cientos de metros.

Puente de Calatrava

PUENTE DE CALATRAVA

    Aún así prevaleció la voluntad de favorecer al máximo la comunicación entre estos dos puntos estratégicos, aunque esta nueva construcción sería, como es lógico, bastante gravosa. Puesto a concurso, el mismo fue ganado por el insigne arquitecto español Santiago Calatrava Valls, de Valencia, universalmente conocido por sus construcciones diseminadas por España, Francia, América, y podemos decir que por todo el mundo.

    Personalmente, el que esto escribe, no tiene dificultad en declararse a favor de tal construcción. No tanto por un motivo ligado a la necesidad o a la utilidad de la obra, como por una motivación predominante de orden estético. Por cierto, que en el transcurso del siglo pasado, o sea, en el transcurso del Novecento, a diferencia de lo que había ocurrido en el pasado, ninguna huella, ningún sello de la arquitectura novecentista ha quedado en Venecia.

EL SIGLO PASADO, OPORTUNIDAD PERDIDA

    De todas formas, o son escasas o no son muy significativos. Venecia había sabido acoger en su regazo los estilos más diversos, desde el gótico al barroco, del románico al neoclásico ochocentista, todos ellos fundidos en su única y sabia armonía. En cambio el Novecento se ha ido sin dejar indicios en la arquitectura veneciana, donde, se acentúan, en definitiva, algunas obras no ciertamente excelsas, y quizá más unidas a una funcionalidad práctica que a la estética, como por ejemplo el Aeropuerto y el ya citado puente translagunar.

    Y eso, a pesar de que se hubiesen presentado algunas ocasiones óptimas para llenar tal carencia (como por ejemplo los proyectos del Hospital de Le Corbusier y San Giobbe, el del Palacio de Congresos del Khan y el del Palazzetto sobre el Canal Grande, de Wright). Oportunidades únicas no aprovechadas al vuelo por los administradores públicos venecianos, más bien cortos, miopes y poco sensibles a los valores artísticos. Por lo tanto, bienvenido sea, en el siglo vigésimo primero, esta nueva obra debida a un prestigioso artista como lo es Calatrava. El acuerdo burocrático ha llegado a su fin, y la construcción real también está, de hecho, para concluirse.

Nadia Consolani y Federico Fontanella en uno de los muchos canales venecianos

VIDRIO, ACERO Y PIEDRA

    El genial arquitecto español ha realizado el proyecto del cuarto puente sobre el Canal Grande construyéndolo en vidrio, acero y piedra de Istria. Será largo, de casi cien metros, y ancho, de seis a nueve, estará iluminado por transparentes focos fluorescentes, colocados en el pavimento vítreo, y las barandillas serán de cobre, mientras que los peldaños lo serán de piedra de Istria y vidrio. La poderosa arcada es delgada y elegante e incita decididamente a recorrerla. La mirada se detiene de buena gana sobre ella, como acariciándola, y transmite al observador una sensación de fortaleza, de transparencia y de una suprema levedad.

    Verdaderamente fascinante es la introducción del elemento vidrio en el conjunto, puesto que el vidrio, además de tener su patria en Venecia, en la islita de Murano, es también esencialmente afín a la ciudad; frágil y fuerte al mismo tiempo, cambiante de aspecto según las luces que lo envuelvan. En conjunto, igual en todo al vidrio.

LARGO VIAJE HASTA VENECIA

    El puente quedará materialmente construido en estas semanas, en una gran nave, situada en Noventa di Piave, en el intratierra veneciano, y decenas y decenas de obreros están trabajando velozmente, siguiendo el proyecto del maestro español, para que la construcción del puente esté terminada en este mes de agosto. Luego, como en un cuento de tiempos pasados, el puente de Calatrava al completo, dividido en seis grandes tramos, de aproximadamente quince metros cada uno, y colocados a bordo de una gran barcaza, iniciará en uno de los primeros días de este septiembre, su largo viaje hacia Venecia.

    En la primera fase, siguiendo los cursos de agua hasta el Adriático, luego entrando desde atrás en la Laguna y después penetrando en el Canal Grande hasta la Piazzale Roma. Una jornada entera, quizás más, durará este viaje. Una eternidad, si pensamos que en nuestros días esa misma distancia podría ser recorrida por cualquier lancha rápida en poco más de una hora. Pero el excepcional transporte implica un viaje bastante lento y prudente. El puente no viajará solo, sino que como las esposas reales de los tiempos pasados, estará precedido y escoltado por un numeroso cortejo: remolcadores, lanchas motoras de las fuerzas del orden, bomberos y técnicos diversos.

PALACIOS SUNTUOSOS Y ANTIGUOS

    Entrarán durante la noche, esperemos que en una dulce noche de septiembre, en la laguna veneciana, y todo el tráfico acuático, por orden de las autoridades competentes, quedará suprimido y desaparecerá como por encantamiento: no más vaporetti, no más lanchas, no más góndolas, ni embarcaciones privadas o públicas, durante todo su recorrido. Sólo él, sólo el Puente de Calatrava tendrá durante esa noche el privilegio absoluto de entrar en la laguna veneciana, solo, con su cortejo real de acompañantes, como se merece un Rey.

   ¿Lloverá esa noche, o será una espléndida noche de plenilunio? Será, de todos modos, decididamente espléndido, su ingreso y su llegada. ¿Qué palabras de viva sorpresa exclamarán asombradas las piedras, los viejos y suntuosos palacios que lo verán transitar lento, silencioso y seguro? Con estupor lo verán pasar muy lentamente bajo el Ponte di Rialto, debajo del ponte más antiguo, y creerán que las medidas y cautelas necesarias para dejarlo salir indemne de la arcada de Rialto, constituye un particular tipo de saludo, acompañado con una reverencia, como se le dedica a la realeza, por lo que las partes extremas del puente transportado, la inicial y la final, se dejarán deslizar sumergidas en el agua, para disminuir la altura del convoy, semejante a la cola del manto de una esposa.

SALUDO ESPAÑOL A LOS VENECIANOS

    Viajará en la noche el Puente de Calatrava, así como en la noche viajan los sueños. Pero con las primeras luces del alba alcanzará el lugar designado, y como un milagro nunca visto, como una Venus salida de las aguas del canal, lo tendrán muy en cuenta las palomas y las gaviotas, que por encima de su larga y audaz arcada revolotearán rápidas y ligeras. Una vez llegado al lugar establecido para su destino, una vez allí, ya estable, el tráfico habitual volverá a su vida normal y febril, y el limpio, esbelto y elegante perfil del nuevo puente, empezará a dibujarse para siempre al principio del real río que baña a Venecia.

    Nuestros ojos se acostumbrarán poco a poco a la nueva silueta delgada, a la nueva y atrevida dimensión. Lo veremos como un saludo a Venecia de la España moderna, lo consideraremos como una nueva joya engarzada en el glorioso collar de nuestra ciudad. Podrás tú seguir uniendo lo antiguo y lo moderno, el Occidente con el Oriente, el Norte con el Sur, lo distinto mío a lo distinto tuyo, y la civilización ibérica a la veneciana. ¡Seas pues bienvenido, bello y valiente Puente de Calatrava!

    ¡Bienvenido, amigo!

FEDERICO FONTANELLA-Poeta y escritor veneciano

Traducción de Nadia Consolani

 

 

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