El Festival de música étnica Sin Fronteras sigue mejorando su calidad cada año Más variedad musical, mejores grupos, buenas actividades paralelas y mayor afluencia de público, motivos del éxito de la séptima edición Lo que empezó siendo una locura de un italiano amante de la música étnica se va convirtiendo año tras año en algo más que una simple cabezonada. Aquellos primeros festivales en la Caseta Municipal, en los que predominaban las ganas de hacer cosas nuevas en esta ciudad y en los que los problemas eran constantes y a veces desesperantes, para la organización y el público, han dejado siete años después una muestra musical y cultural bastante asentada, que con un poco más de ayuda municipal, especialmente monetario, puede convertir el festival Sin Fronteras en un referente en la provincia, aunque sin perder ese carácter sencillo que ahora tiene.
La séptima edición del Festival de música étnica Sin Fronteras ha superado en todo los encuentros anteriores. La ubicación en el colegio Las Albinas ha sido un acierto y el rodaje va dejando al lado los numerosos problemas con los que ha tenido que enfrentarse Andrea Morpurgo, alma mater del evento multirracial, en años anteriores. Buen sonido, luces suficientes, actividades paralelas interesantes y actuaciones circenses para grandes y pequeños, son las claves del éxito. El Teatro Moderno, con Zulema y su danza árabe, dio paso a un fin de semana repleto de buenas vibraciones. Talleres de danza y malabarismo en la calle y un mercado artesanal en Las Albinas. Para los niños, una guardería, donde TEATRIN (Miguel Ángel, Tamara, Isa, Mariló y Angelines) realizó con éstos talleres de reciclaje de basuras haciendo instrumentos musicales y marionetas, juegos, contaron cuentos, los maquillaron, etc.
CIRCO No son circos con grandes carpas, ni tienen fieras o elefantes, pero cuentan con unos artistas que encandilan cada año a los expectantes asistentes. Son circos de calle, para actuar en cualquier lugar por pequeño que sea. Cortocirquito tuvo un éxito apoteósico. Números sencillos, pero no exentos de magia. Javi Javichi volvió a triunfar con su arte. GRUPOS Los seis conciertos celebrados fueron buenos, logrando cada grupo una buena acogida por parte del público. Abrieron el festival los bercianos Rapabestas, con un gran bagaje musical a sus espaldas, habiendo participado en diversos festivales de música celta en Galicia y Asturias principalmente. Presentaron su primer disco, Estío. Gustaron mucho y los aplausos corroboraron su calidad. Después subió al escenario Manou Gallo, de Costa de Marfil, una polifacética artista que toca el bajo y la percusión, canta y baila. Otro gran concierto. Cerró Malessiana Folk, que sustituyeron a Perro verde, ganadores del tercer certamen de maquetas. Divertidos con sus tarantelas italianas. Atlántica, de Cantabria, tocó el segundo día. Canciones de su tierra, muy alegres, que hicieron bailar al público. Lo mejor de la noche fue el argelino Abdelli. Él y sus músicos dejaron una gratísima impresión. Destacar un tema donde la percusión fue la protagonista. Una joya. Los brasileños/españoles Marakatú FM8 clausuraron el certamen de este año con su percusión. Músicas muy distintas y variadas en esta edición, que contribuyeron a que esta edición no fuera monótona. Sólo un pero: hay que intentar que entre concierto y concierto no pase tanto tiempo y comenzar a la hora prevista. Es difícil, pero alguna manera habrá para lograrlo, dos escenarios, por ejemplo. RAMÓN F. MERAYO |