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Cinco incendios, tres de ellos provocados, obligaron a evacuar a 600 niños de un campamento y desalojar a cerca de trescientas familias Un joven en tratamiento psiquiátrico fue detenido como autor de tres de ellos, ingresando en la cárcel de Sevilla
DISFRUTAR CON EL ESPECTÁCULO Lo peor de todo es que el que provocó los incendios (él mismo se declaró culpable) no sólo no se arrepintió de lo hecho sino que contó con todo lujo de detalles lo bien que se lo pasó viendo cómo ardían los pinares, para lo que utilizó una silla, en la que cómodamente sentado, observó como discurría todo. En La Espartosa fue sorprendido por una joven mientras echaba gasolina y prendía fuego, dándose a la fuga en un vehículo de los que no necesitan carné. La madre de esta muchacha relató a PUENTE CHICO, muy afectada, lo sucedido. El pirómano trabajaba en una empresa de construcción y estaba en tratamiento psiquiátrico desde hacía tiempo, por lo que fue enviado a la cárcel de Sevilla, quedando ingresado en el módulo correspondiente. También fue detenida otra persona, que quedó en libertad tras declarar en el juzgado chiclanero. En La Espartosa, el fuego estuvo a punto de entrar en varias casas, aunque el trabajo realizado por los bomberos, protección civil, policías varias, Cruz Roja y vecinos lo evitó.
Según manifestó el alcalde, José María Román, se plantarán 5.000 árboles en las áreas que han sido quemadas en los últimos días en el término municipal y que han afectado a más de 25 hectáreas. El plan de reforestación se vinculará también a una iniciativa formativa de carácter ambiental, pudiendo participar todos los colectivos que lo deseen, además de los alumnos de los centros educativos. Se pretende que sepan los devastadores efectos que causa el fuego y que se reconozca la importancia de tener un patrimonio ambiental. Aparte de esto, Román debería hacer cumplir el decreto contra incendios, obligando a que se limpien todas las zonas de matojos, podar los árboles y que las cuiden, y si no lo hacen encargarse el Ayuntamiento de ello y pasarle la factura a sus dueños. Quizás así empezaríamos a prevenir posibles incendios, aunque siempre estaremos sometidos a lo designios de los pirómanos. RAMÓN F. MERAYO
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