Puente Chico

 


Feliz nuevo siglo, Doktor Freud

El XVII Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz ofreció agradables sorpresas y algún fiasco sonado  

El Ballet Nacional, El Centro Nacional de Teatro de México, Los Inconscientes, Danzabierta, Nidia Telles, Eduardo Pavlovski, Centro Dramático Nacional y Susana Rinaldi, lo mejor de esta edición

El Centro Andaluz de Teatro con La lozana andaluza, un ejemplo de despilfarro de dinero público y de imposición a pesar de su baja calidad

   Cada edición del FIT de Cádiz es más complicada que la anterior, por eso estamos a la expectativa por lo que nos vamos a encontrar. Este año el nivel ha sido bueno, con sorpresas como las de los grupos mejicanos Los inconscientes (Feliz nuevo siglo, Doctor Freud) y la Compañía Nacional de Teatro (El automóvil gris). Esta última sorprendió a todos por su originalidad, algo necesario en el teatro actual, donde las sorpresas son cada vez más escasas. Hay que traer teatro para todos los gustos (dentro de una mínima y exigible calidad, claro), aunque sin caer en la horterada y lo fácil.

    Menos obras que los años precedentes (Bablé lo justifica por el presupuesto), que aunque pueda parecer que es peor, creemos que es al contrario, porque no hay tanta saturación y es más difícil que se cuelen obras de baja calidad, aunque este año hemos tenido un par de ellas, pero sin llegar a lo de hace unas cuantas ediciones.

   Menos público  (en otras ediciones había colas y tortas por conseguir entradas para ciertos espectáculos, y en esta edición, no). De todas formas, la mayoría de las sesiones registraron lleno o casi y en el Falla se logró con Susana Rinaldi, cantante argentina de tangos, y el Fuenteovejuna del Ballet Nacional.  

CRUZ Y CARA

Carta de amor

   La lozana andaluza, del C.A.T., fue la cruz. Los montajes institucionales siguen siendo un fiasco. Mucho presupuesto, gran aparato escenográfico, contratación de directores de prestigio (Josefina Molina, en este caso) para construir un producto mediocre, insulso y aburrido. La pesadez del espectáculo (interpretativa y presupuestariamente) hacen que éstos tengan una vida efímera, a pesar de la campaña de marketing del organismo en cuestión. Con estos montajes, pagados por todos, no se puede despilfarrar el dinero de esta forma, cuando tantos grupos andan como locos en busca de una subvención, por pequeña que sea. Lo peor es que, encima, actuarán en un montón de teatros, aunque la calidad de lo que ofrecen es muy baja. Por cierto, ¿qué hacía un ejemplar del periódico etarra Gara tapando a uno de los indigentes mientras éste dormía a la intemperie? Si lo hubiésemos visto en alguna de las representaciones de los grupos vascos presentes no habría sorprendido tanto como en una obra andaluza.

    En el polo opuesto suelen estar los espectáculos cubanos (Danzabierta y sus Chorus Perpetuus) o brasileños (Sbornia Records con Tangos e tragédias), creaciones de bajo presupuesto pero siempre cargados de imaginación y sensualidad, con lo que consiguen emocionar al espectador y conectar con él de inmediato. El primero de ellos sorprendió por la elegancia de las danzas interpretadas y las canciones, todas ellas a capella, siendo su voz el único instrumento, donde el grupo demostró que se puede ofrecer un gran espectáculo sin necesidad de una escenografía vistosa y cara. Atados entre ellos por las muñecas, hicieron innumerables números de danza dejando sorprendidos a los espectadores por la dificultad que conllevaba cada uno de ellos.

EL AUTOMÓVIL GRIS, QUÉ GRAN PELÍCULA TEATRAL 

    Una vez más, el Centro Nacional de Teatro de México nos deja muestras de su buena factura, esta vez con un espectáculo sorprendente (El automóvil gris) y ejecutado técnicamente con gran maestría. Se trababa de la proyección de una película muda de 1915, doblada en directo con la técnica japonesa del benshi por dos actrices (una japonesa y otra mexicana, más un pianista que subraya sonoramente la acción), durante la que, no sólo ponen los diálogos a todos los personajes, sino que comentan las escenas e incluso emiten opiniones sobre lo que ven. El doblaje de Irene Akiko, en japonés, fue magistral, con numerosos registros de voz a una velocidad increíble, sin respiro, provocando la hilaridad del público que llenaba la sala de La Tía Norica.

MONÓLOGOS 

    Esta edición, nos dejó buenos monólogos, como el de la uruguaya Nidia Telles (Gracias por todo), que había despertado grandes expectativas por su Madame Curie, de hace tres años. Su interpretación estuvo a la altura de lo que se preveía, aunque el texto no tenía la riqueza de su anterior actuación en el FIT. Eduardo Pavlovski (La muerte de Marguerite Duras) nos enredó en mil historias con su verbo pausado y evocativo durante hora y media. Mostró una técnica depurada del clown (que a mí me recordó por momentos a Darío Fo) y la tradición antiquísima de los cuenta cuentos.

Chorus perpetuus

    Y del Centro Dramático Nacional, Mª Jesús Valdés (Carta de amor,  de Fernando Arrabal). Toda una oficiante para la ceremonia  en la que nos vimos inmersos. Magnífica interpretación para iniciados en los fantasmas mentales del autor. Espectacular fue la escenografía (y carísima). De nuevo, montajes que únicamente se pueden permitir los organismos públicos. Gran envoltorio para este caramelo. Y la verdad última es que la interpretación se hubiera bastado sola con un aparato más modesto. El caramelo era gustoso en sí.

TRABAJOS HONESTOS Y COMPROMETIDOS

    Hubo trabajos correctos y honestos que recibieron un plus de aplauso añadido por lo que significaban socialmente. Fueron los casos de Quién dijo miedo (Índice Teatro), de Colombia, que abordó el sangrante asunto de los campesinos desplazados a causa del acoso de la guerrilla. Crítica dura que hacen de la situación en ese país, teatro comprometido, social, difícil de realizar en lugares donde una vida no vale nada. Entre los actores, Julio César Herrera (el cartero Freddy, de Betty la fea). Y también, Memoria y Olvido (Argentina 76, nunca más), de Némore Producciones, reflexión sobre  las torturas de la dictadura. Un montaje que cargaba las tintas sobre las escenas de violencia explícita. La violencia, un tema que, desgraciadamente, no ha perdido actualidad.

  FUENTEOVEJUNA, TODOS A UNA: MAGISTRAL

    En el Teatro Falla, salvo excepciones, suelen acudir los espectáculos más convencionales. Allí se dan cita, los políticos y gran parte del público emperifollado, que no suele ir al resto de obras, pero que les encanta dejarse ver en ese escaparate (que piensan que les da cierto lustre cultural. Les parece que el teatro da cierto tono). A este recinto sí acuden los gaditanos. Porque no debemos engañarnos, al FIT van teatreros, algún erudito foráneo y el grupo de aficionados recalcitrantes que nos encontramos en cada sala. El público gaditano vive de espaldas a su festival.

    Uno de esos espectáculos de buen tono, ha sido Fuenteovejuna, del Ballet Nacional de España. Una creación, por otra parte, absolutamente extraordinaria, plena de fuerza (no permiten respirar al público en la hora y media que dura la representación), con ritmo muy medido en la alternancia de escenas líricas y dramáticas, con buena sincronización de piezas pregrabadas y en directo, con una interpretación meritoria de toda la compañía, y todo el trabajo sobre la coreografía de Antonio Gades, que ha sabido sintetizar el clásico de Lope con maestría, al subrayar los aspectos solidarios del pueblo.

Nidia Telles

 EXPERIMENTACIÓN 

    Para las salas La Lechera y La Tía Norica se reservaban los espectáculos más novedosos o experimentales, como el ya citado El automóvil gris o Terra Nostra, de la compañía Río Teatro Caribe, un espectáculo visual que mezclaba técnicas diversas y dispersas (Teatro Negro de Praga, proyecciones, reminiscencias del teatro Nô, Biomecánica de  Meyerhold, danza...), como si el director (pintor, de formación) quisiera demostrarnos sus conocimientos. El resultado es un gazpacho en forma de cómic. A pesar de todo, supo componer bellas imágenes.  

    Historias de familia (Un mundo-Teatro), de Chile, nos propuso relaciones familiares con una estética grunge, donde el materialismo posmoderno hace saltar por los aires una, y otra vez, el modelo de papá, mamá, hijo/a y perrito.  

    Y también Feliz nuevo siglo, Doktor Freud, (Los Inconscientes), de Méjico, que sorprendió por el original planteamiento escenográfico e interpretativo, aunque tuvo un final excesivamente largo y antidramático. Con momentos realmente buenos, esta obra fue una de las primeras sorpresas del festival.

TEATRO DE CALLE

    Hubo de todo, aunque el tono general fue bueno. Tangorditos fue el primero en actuar. Lo hizo en la plaza del Falla el día de la inauguración del FIT con Pónele onda, divertida comedia. La bombonera gustó mucho, el grupo Markeliñe también contó el respaldo de los numerosos espectadores que los vieron en la plaza de la catedral, lo mismo que Deabru Beltzak o Hortzmuga Teatroa.

 

Eduardo Pavlovski

LA PETARDADA

  La petardada de esta edición la ha constituido, sin lugar a dudas, la obra Extinción, de la compañía argentina del mismo nombre. Un bodrio infumable, inauténtico, donde todo se notaba que era falso, y que en ningún momento conectó con el público. El agravante lo puso el autor de la misma, Iñigo Ramírez de Haro, quien tuvo la arrogancia y la temeridad de declarar en el previo (Diario de Cádiz, 24- 10-02)  que el teatro argentino está a años luz del que se hace en Europa. El teatro argentino no, el suyo sí, desgraciadamente para él.  

    Resumiendo. Un festival que ha ofrecido buenas representaciones, algunas muy buenas, y otras que han estado dentro de la línea de calidad de la que nunca debería bajar un encuentro de las artes escénicas tan importante y significativo como éste. Las actividades alternativas como los encuentros, foros, conferencias, etc., celebrados, así como las exposiciones instaladas en el Baluarte de la Candelaria, enriquecieron esta decimoséptima edición. 

TRES TEATREROS JARTIBLES EN BUSCA DE LA CONTINUA SORPRESA

 


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